jueves, septiembre 28, 2006

LIBERTAD DE EXPRESIÓN

Llevamos varios días con la noticia de la suspensión de la ópera Idomeneo de Mozart, supresión justificada por el miedo a ataques de los radicales islamistas, es la tercera vez en pocos meses que estos radicales coartan la libertad de expresión de instituciones europeas, primero fue el caso de las caricaturas, después la conferencia del Papa, y ahora una versión de la ópera de Mozart. Al margen de consideraciones personales sobre lo respetuoso de las caricaturas, de la oportunidad de la conferencia del Papa, o de la idoneidad de la versión de la ópera de Mozart, entiendo que estas personas o instituciones tienen todo el derecho a expresarse libremente, a decir lo que consideren oportuno, haciendo uso del derecho a la libertad de expresión, derecho que como cualquier otro tiene sus límites, pero estos no hay que buscarlos en la moral, la religíón (la que sea), o el respeto, los límites a la libertad de expresión los marca la comunidad, los ciudadanos, a través de las leyes que se otorgan y que los rigen.
Un autor, una persona normal, puede ser irrespetuosa, sacrílega un autentico hereje, y eso a algunos nos puede parecer reprobable, pero a esa persona le asiste el derecho a serlo, sin más cortapisa que la de cumplir la ley.
Cortapisa que también tienen o deben tener los radicales islámicos.
Adelante Idomeneo.

1 comentario:

Kiko dijo...

Hola, yo también pienso que en una sociedad civilizada, democrática y de derecho, el reconocimiento y los límites de los derechos y libertades sólo pueden venir establecidos por la ley y han de hallarse bajo la salvaguarda de los tribunales, siendo éstos los únicos legitimados para determinar si se ha producido alguna vulneración o abuso.

Y, evidentemente, frente a una violación no cabe cualquier reacción, sino, únicamente, la de solicitar el auxilio de los Tribunales, que -en el caso de constatar la intromisión denunciada- aplicarán la respuesta prevista en la legislación vigente y no otra.

Así es como deben funcionar las cosas, creo yo.

Quizás sea el momento de decir que tengo la impresión de que se tiene demasiado respeto por las religiones, incluso a nivel institucional y de derechos fundamentales.

No olvidemos que la religión -como la monarquía- no es más que un institución anacrónica que, si bien durante un tiempo pudo cumplir un papel para el hombre-bebé, ha ido perdiendo su sitio y su razón de ser según hemos ido progresando en racionalidad, cultura y madurez, no mereciendo hoy el "método religioso" más respeto intelectual que la astrología, la adivinación o la parapsicología.

Si a esto añadimos la vocación de apostolado y universalidad de las religiones, en general, y el hecho de que toda religión, bien vivida, exige la entrega apasionada e incondicional del feligrés, parece que es tiempo ya de ir bajando a las religiones de los altares y ponerlas en su sitio; eso sí, como diría alguien, sin acritud y con cariño.

Joaquín